Ceden un grabado de Goya al Museo Casa Ibáñez de Olula
La donación, de carácter anónimo, es por un periodo de diez años Se trata de la obra denominada ‘Tan bárbara la seguridad como el delito’
El Museo Casa Ibáñez de Olula del Río ha recibido de un coleccionista que quiere permanecer en el anonimato, en cesión por un periodo de diez años, una auténtica joya de Francisco de Goya. Se trata de la primera edición del aguafuerte ‘Tan bárbara la seguridad como el delito’, grabado por el pintor hacia 1810-1814, años en los que realizaba también ‘Los Desastres de la Guerra’.
La obra es uno de los grabados sueltos de Goya -no pertenece a ninguna de las cuatro grandes series: Caprichos, Desastres, Tauromaquia y Disparates-, y junto con otros dos de similar tamaño titulados ‘Si es delincuente que muera presto’ y ‘La seguridad de un reo no exige tormento’, fueron realizados para denunciar la tortura y los malos tratos a los presos de las cárceles españolas.
Estos tres grabados se denominan normalmente ‘Los prisioneros’ y, como ‘Los desastres’, no se estamparon en vida del autor. De hecho, se conoce sólo una prueba de autor que Goya regaló a Ceán Bermúdez junto al ejemplar encuadernado de las pruebas de ‘Los Desastres’, que tiene los títulos manuscritos por el artista y que ahora se encuentra en la Biblioteca Nacional.
La primera y única edición de ‘Tan bárbara la seguridad como el delito’ se realizó en París en 1867, pues allí apareció la plancha original tras diversas vicisitudes, después de haber sido vendida por Mariano Goya, nieto del artista, tras la muerte de su abuelo.
Con el tiempo, la plancha se perdió y hoy se considera formalmente desaparecida o destruida. La tirada la realizó el taller de grabado Delátre de París y se vendió con la gaceta de Bellas Artes de la ciudad. Por su parte, la impresión se realizó en un papel muy fino, de muy poca calidad, lo que, unido al pequeño tamaño de la obra y el asunto que representa -incómodo para los Estados y polémico y vigente aún hoy- motivó la destrucción de gran parte de la tirada. Ello ha provocado que hayan llegado a nuestros días muy pocos ejemplares de esa primera y única edición, de un valor incalculable. De hecho, sólo el Museo de Boston tenía un ejemplar, hasta hoy. El Museo del Prado conserva también dos dibujos preparatorios para la obra, lo que demuestra la atención dedicada por el artista a este aguafuerte y la importancia en el conjunto de su obra en esos años.
El tema de ‘Los prisioneros’ no aparece, además, en el arte de la época, lo que evidencia la genialidad precursora de Goya, aunque el debate sobre la tortura sí estaba presente en la Ilustración española.
Relacionadas con la cruel represión de la reacción fernandina hacia los liberales, la fuerza reveladora de estas imágenes hace suponer que fueran la contribución del artista al debate sobre la abolición de la tortura en las Cortes constituyentes de Cádiz que, sin duda, conmovió su sentido ético y de la justicia, claramente moderno.
Con esta obra, el Museo de Olula amplía su gran colección de grabados de Goya, que hacen de él un referente nacional. En concreto, atesora y exhibe en permanencia las series completas de los Caprichos, los Desastres y los Disparates, las dos últimas, de la primera edición, estampadas por la Academia de San Fernando en 1863; y, de la Tauromaquia, algunos sueltos de la tercera edición, así como uno de la primera, de 1816, estampado por el propio Goya.
En total, y según el inventario de la institución, muestra 128 piezas del insigne aragonés, todas estampaciones originales, realizadas con las planchas que hoy se encuentran enceradas en la Calcografía Nacional.



