El Palacio del Almanzora cerrado, para evitar riesgos
El Ayuntamiento de Cantoria ha cerrado el Palacio del Almanzora para evitar riesgos
La verja de entrada al recinto del Palacio de Almanzora permanecerá cerrada a las visitas en lo que respecta a las dependencias de propiedad municipal. Sólo se abrirá al público la capilla, restaurada para el culto religioso, y el patio de armas, que actúa de puerta de entrada a las dependencias personales de sus antiguos moradores: los marqueses de Almanzora.
El resto de las habitaciones, debido a su alarmante estado de abandono y progresivo deterioro que presentan en la actualidad, permanecerá cerradas a los ojos del visitante. «Se trata de evitar que las personas que lo visitan son ningún tipo de control corran riesgos innecesarios para su integridad», justifica la medida adoptada el alcalde de la villa, Pedro María Llamas.
Hasta que no se restaure el edificio y para ello tiene que pasar primero a propiedad municipal en su totalidad, y después esperar a su recuperación por parte de la Administración andaluza, se acabaron las visitas y celebraciones no autorizadas en el interior de un edificio considerado como el único ejemplo del neoclasicismo del siglo XIX que, a duras pena,s se mantiene en pie en nuestros días en la provincia de Almería.
La decisión de colocar en su lugar de origen la antigua puerta de hierro, impedirá el libre acceso de personas a un recinto cuya fachada principal de acceso a las dependencias de los marqueses presenta amenaza con venirse abajo si no se actúa pronto en ella.
La verja sólo se abrirá para las celebraciones de culto y otras fiestas religiosas del calendario, y para acoger aquellos otros eventos de origen social, como la tradicional comida de las migas, que se llevará a cabo en las zonas que presentan el mejor estado de conservación del recinto palaciego.
Historia de una verja
La verja tiene su historia y su origen se remonta a 1974, cuando fue retirada de su lugar por los vecinos de Almanzora, los mismos que decidieron que permaneciera ‘guardada’ en el almacén de un lugareño desde su traslado en aquel tiempo hasta nuestros días.
Su ‘desaparición’ obedeció al enfrentamiento que en su día protagonizaron los vecinos de Almanzora contra la decisión de la familia Sáez, antigua propietario de una parte del inmueble, de echar el cierra a su propiedad donde se encontraba la capilla, lugar donde se oficiaban y ofician las misas, objeto del conflicto. Los vecinos protagonizaron entonces enfrentamientos y protestas, traducidos en una batalla campal contra la Guardia Civil y en manifestaciones espontáneas.
Fuente: Ideal.es



